El resto queda entre él y yo

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Me levanté más pronto de lo normal, ¡supongo que no podía dormir por no dejar de pensar dónde estaba! La lluvia golpeaba fuerte contra la ventana, pero no me importaba, era una sensación como ninguna otra. Ni siquiera el colchón con olor a canela podía hacer que me quedase dentro de la cama. Cogí el Ipod y salí por la puerta de la habitación con ansias de comerme la ciudad. Sonaba Je Veux, de Zaz y había dejado de llover. Hacía frío, muchísimo frío. Al salir del hotel, encontré una librería en la esquina y me detuve durante unos minutos para encontrar mi guía para tontos; siempre fuí muy despistada, y he aceptado que jamás aprenderé a orientarme. Con mi guía en mano, empecé a andar sin parar, cualquier otra persona de la ciudad habría sabido llegar con los ojos cerrados. Para mí era toda una novedad, estaba allí, en una de las situaciones más raras en las que había estado en toda mi vida. Miré la nota, tan solo ponía: Café de Flore, 10:00 h. La guía para tontos era todo un tesoro, atravesé el barrio Saint-Germain-des-Prés y me detuve enfrente de la plaza de la Iglesia, una de las más antigüas de la ciudad. El mapa indicaba que estaba cerca, y fue entonces cuando empecé a ponerme más nerviosa de lo normal. No sabía muy bien qué hacía ahí. O sí. Puede que sí lo supiera. Y lo supe cuando le vi. Ahí estaba él, sentado leyendo otra guía para tontos. Tres meses sin verle me habían parecido una eternidad. Yo había vuelto a mi vida en Madrid y él seguía con su vida aquí, en París. No habíamos vuelto a vernos después de los meses que pasamos juntos. ¿Qué pasó? Bueno, digamos que por mucho que uno quiera, a veces, todo queda en un sueño del que te despiertas para volver a la realidad y a tu vida. Y por mucho que uno no quiera, la distancia siempre complica las cosas. Pero no quiero contaros la historia, tampoco quiero contaros cómo nos reencontramos, ni qué me dijo, ni qué contesté, ni cómo nos miramos… ni todo lo que pasó después. Lo único que importa es que la guía que él ojeaba con tanta concentración no contenía nada parecido a la mía. Hablaba sobre El Museo del Prado, La Almudena, El Retiro, la Plaza Mayor, la Puerta del Sol, el estadio Santiago Bernabéu… Estaba decidido a empezar una nueva vida allí, conmigo. Y así fue, y así es. El resto queda entre él y yo. Algún día volveré, París, para darte las gracias. Au revoir.

Fdo: Café desvelado

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