Hambre de futuro

 

Se pasa el día soñando y tiene una fe ciega en el destino, sabe que todo pasa por algo. A veces se queja de que de pequeña era más fantasiosa y siempre reía, y es cierto, pero cómo no va a dejar de soñar alguien a quien la vida le ha dado unos buenos palos. Aun así salió del bache y vive cada día convencida de que lo mejor está por llegar, de que le espera algo grande; que su vida actual está orientada hacia lo que el destino le tiene preparado. Tuvo malas rachas, esas que tenemos todos, y se levantaba sin ganas de ser nadie, sin aspiraciones. Pero algo cambió, ni ella misma sabe lo que es, supongo que se dio cuenta de que así no podía seguir, que era demasiado joven para ahogarse en sí misma. Cuentan que un día se miró al espejo y no reconoció a quién estaba ahí de frente. Ya no era aquella chica risueña, charlatana y feliz, muy feliz. Malas rachas… Pero siguió adelante.

Y no pudo hacer mejor elección. Ahora sueña con su futuro, algo que durante un tiempo había quedado muy olvidado. Quiere dejar la ciudad, no es que huya de su realidad, pero tiene hambre de nuevas cosas. De vivir experiencias, de abrir su mente, de cambiar de ambientes, de llegar a ser mejor. Aprenderá a echar de menos, y sabrá quién realmente merecía la pena. Y así podrá conocerse a sí misma, la tarea más difícil de toda nuestra vida, y también la más emocionante. También cuentan que ayer volvió a mirarse al espejo, y que sonreía, porque ahora más que nunca está segura de que todo va a salir bien. 

Fdo: Café Desvelado

 

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