Dear mom

No hace falta que me digas lo agradecido que estás de tenerla siempre ahí, a tu lado para ayudarte cuando te caes y perdonarte cuando te equivocas, recordándote con una fe en ti que solo ella ve, una y otra vez: ¡tú puedes!

Ya sé que es un ejemplo a seguir y que siempre está al pie del cañón luchando para que tengas un plato caliente cada día. Yo tampoco soportaba sus típicas frases y sentido de la protección, pero ahora las entiendo y las he cogido cariño, es más, no sé que habría sido de mí sin ellas. La mía también tiene sus detalles que la hacen única, ella me ha enseñado a respirar el mar y a ver cómo aplauden los chopos con sus hojas, es fan número uno de Coldplay y sus sábados son sagrados. Todo eso de que con ella nunca estás sola, me lo demuestra tratando mis problemas en plural, porque lo que me pase a mí, le pasa a ella.

Pero no sabes lo que es verla aguantando injusticias que se presentan y afrontarlas con la cabeza siempre firme y saliendo adelante. No sabes lo que es tener a alguien que se desvive por ti, por tu bien, para que seas feliz, para que te sientas querida y especial, para darte confianza y apoyarte en lo que haga falta porque tú eres su máxima prioridad. Ella es una “winner” como le gusta decir, es la que me ha dado la vida, mi compañera de viaje, pero sobretodo, mi amiga.  Por eso no hace falta que me digas que qué harías sin ella. Que yo también pienso que es la mejor del mundo, que sé que ella es el corazón de la familia y quien la mantiene viva. Que yo también la he visto llorar con las películas, reírse de sí misma y quedarse despierta de madrugada hasta que llego a casa. Y mira que hay desagradecidos que no saben valorar lo que tienen hasta que lo pierden. 

Que te entiendo… que una madre siempre es una madre. Y solamente tenemos una. Que razones para quererla tenemos todos, ¿cuáles son las tuyas?

Versionado: Café Desvelado

Inspirado en el poema Co-razones de Carlos Salem

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